LA EDAD DE ORO DE LA COMEDIA ITALIANA

Mostra de València-Cinema del Mediterrani celebra la edad dorada de la comedia italiana con una retrospectiva de veinte películas que incluye los títulos más importantes del género. Entre mediados de los cincuenta y finales de los sesenta, cineastas como Dino Risi, Mario Monicelli, Federico Fellini o Pietro Germi, entre otros, supieron retratar la realidad del país ofreciendo una mirada tierna, pero también crítica, a la sociedad y sus costumbres. Una selección de clásicos que invita a la reflexión a través de la risa.

A consecuencia de la segunda guerra mundial, la industria cinematográfica italiana estaba prácticamente destruida a finales de los años cuarenta, pero en muy poco tiempo el país logró ponerse a la cabeza de Europa e incluso mirar de tú a tú a Hollywood. Ni la amenaza de la inminente popularización de la televisión pudo hacer sombra a una concepción del cine que en lugar de apostar por la espectacularidad prefirió buscar la poética de lo cotidiano y reivindicar el gusto por contar historias, apoyándose en una generación única de actores y directores que supieron desarrollar sus aspiraciones artísticas al tiempo que conectaban con el público mayoritario.

Bajo el mandato de Mussolini se había impuesto un cine complaciente y de corte propagandístico, que encontró su primera reacción en la segunda mitad de los cuarenta, con la aparición del neorrealismo, cuyo impacto fue de vital importancia a la hora de ampliar el alcance de la industria y de admitir entre sus preocupaciones las actividades de los estratos inferiores de la sociedad italiana.

Una imagen de “Rufufú”

Con el desarrollo económico del país, la comedia evoluciona a nivel temático y se convierte en un espejo de la realidad nacional más inmediata. La sátira de la política fascista es, por ejemplo, el resorte humorístico de películas como La marcha sobre Roma (Dino Risi, 1962) o Gli anni ruggienti (Luigi Zampa, 1962). Cualquier aspecto de la vida italiana pasa rápidamente a la pantalla, antes de que haya perdido vigencia, gracias a un certero sentido de la oportunidad. La corrupción de diversos estamentos sociales o el absurdo de ciertas costumbres serán denunciados por Zampa en El alcalde, el guardia y la jirafita (1960), mientras que el candente asunto del divorcio aparece en diversas producciones, siendo la más célebre Divorcio a la italiana (Pietro Germi, 1961), que ganaría, entre muchos otros premios, el Oscar al Mejor Guion Original en 1963.

Curiosamente, la crítica italiana del momento no valoró en toda su amplitud el alcance de unas comedias que serían rescatadas en los años setenta por una nueva generación de jóvenes cinéfilos y analistas que las encumbraron al lugar donde siguen desde entonces, es decir, entre las mejores películas de la historia del cine transalpino.

Entre los más destacados representantes de la comedia italiana de la época destaca Dino Risi. Su firma aparece en algunos de los clásicos indiscutibles del género, como La marcha sobre Roma, El viudo (1959) o la inolvidable La escapada (1962), una celebración de la vida en formato de road movie.  Suya es, además, la llamada Trilogía Optimista, que también se proyectará en la Mostra: Formada por Pobres, pero guapos (1957), Guapas, pero pobres (1957) y Pobre y millonario (1959), sigue las aventuras de Romolo y Salvatore desde los primeros juegos de seducción con el sexo opuesto al comienzo de la vida matrimonial. Tres comedias que anticipan el neorrealismo rosa, se distinguen por un tono mordaz que se convertiría en sello distintivo de Risi y presentan una Italia profundamente cambiante, que anuncia las revoluciones económicas y sociales de la década de los sesenta.

“La escapada”

El otro gran nombre propio de la comedia a la italiana es el de Mario Monicelli, director de Rufufú (1958), con la que ganó la Concha de Plata en San Sebastián, o La gran guerra (1959), premiada con el León de Oro en Venecia. Además de estos dos títulos tan emblemáticos, la retrospectiva de la Mostra incluye también La armada Brancaleone (1966), divertidísima historia de época sobre las aventuras de un mísero caballero medieval al que siguen un puñado de patéticos servidores con el objetivo de conquistar el feudo de Aurocastro.

Menos reivindicada, pero igualmente importante, es la figura de Pietro Germi, responsable de la ya citada Divorcio a la italiana y de Seducida y abandonada (1964), magnífica comedia negra que le valió a Saro Uriz para ganar el premio al mejor actor en Cannes.

En el ciclo de Mostra de València-Cinema del Mediterrani se podrán revisar también algunos títulos firmados por maestros que cultivaron muy diversos géneros. Es el caso de Roberto Rossellini, presente con Dov’è la libertá…? (1953), uno de sus films menos conocidos. Un cuento filosófico protagonizado por un hombre (el gran Totò) que ha cumplido condena en la cárcel durante los años de crepúsculo y caída del fascismo, acusado de asesinar al amante de su mujer. Al volver a la vida civil, no logrará reintegrarse y volverá a la prisión, el único lugar donde se ha sentido feliz.

También está presente Federico Fellini con Los inútiles (1953), su tercera película, ganadora del León de Plata en Venecia y una de las favoritas de Stanley Kubrick. Ambientada en un laborioso pueblo de las costa adriática, sigue las peripecias de cinco jóvenes que rompen la armonía de la comunidad porque ninguno de ellos ha trabajado nunca y ni siquiera se avergüenzan de ello.

Los directores italianos contaron con una baza extra: un grupo de actores magníficos y en estado de gracia. Uno de los favoritos del público fue Totò, que intervino en una cincuentena de títulos entre 1948 y 1960. Cómico con raíces en la pantomima muda (se le ha definido como un cruce entre Chaplin, Keaton y Max Linder), combinaba la idiosincrasia de las clases populares con cierta filosofía ácrata. Su peculiar fisonomía y talento cómico fueron aprovechados al máximo en la magistral Rufufú, donde interpreta al jefe de una disparatada banda de incompetentes ladrones. Las colaboraciones de Totò con Pier Paolo Pasolini, especialmente Pajaritos y pajarracos (1966), son el admirable testamento artístico de un actor que supo aprovechar su experiencia en el terreno de la revista para acomodarse con ingenio a las exigencias que le planteaba el cine.

“Los inútiles”

Vittorio Gassman nunca ha estado mejor dirigido que en las comedias ligeras que interpretó a las órdenes de Risi o Monicelli. Aunque había hecho papeles dramáticos previamente, fue su encarnación de uno de los torpes delincuentes de Rufufú la que le abrió las puertas de la comedia y le permitió convertirse en uno de los actores favoritos de los italianos, gracias a films como La gran guerra, la secuela Rufufú da el golpe (Nanny Loy,1959), La escapada, La marcha sobre Roma o La armada Brancaleone.

Otro de los estrafalarios atracadores de Rufufú era el gran Marcello Mastroianni, que volvió a coincidir con Gassman en la continuación de aquella y en La gran guerra. Actor fetiche de Fellini, se consagraría como comediante gracias al díptico formado por Divorcio a la italiana y Matrimonio a la italiana (1964), donde Mastroianni no es el seductor triunfante, sino el infeliz macho eternamente derrotado y sometido. En Divorcio a la italiana, se deshace de su esposa para casarse con una jovencita que le engañará a la primera ocasión. Y en Matrimonio a la italiana es un pequeño propietario que ha hecho de su amante una segunda madre que cuida de sus negocios y con quien se ve obligado a casarse para conocer al hijo que han tenido. A Alberto Sordi, otro de los rostros ineludibles de la comedia italiana, podemos verlo como uno de los inútiles de Fellini, al lado de Gassman en La gran guerra, como el viudo de Dino Risi, protagonizando Todos a casa (Luigi Comencini, 1960) o encarnando al guardia municipal de El alcalde, el guardia y la jirafita, donde le secunda Vittorio De Sica, a su vez reconocido director de films como Matrimonio a la italiana. Del mismo modo, a Ugo Tognazzi se le puede encontrar dando la réplica a Gassman en La marcha sobre Roma o como el marido obsesionado por la supuesta infidelidad de su esposa en Celos a la italiana (Antonio Pietrangeli, 1964), donde tiene como oponente femenina a Claudia Cardinale, una de las muchas actrices de las que también se disfrutará en el ciclo; entre ellas, Sophia Loren, Stefania Sandrelli, Catherine Spaak, Silvana Mangano… Todos ellos forman parte de un auténtico festín para los amantes de la comedia.

“Matrimonio a la italiana”

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