‘My Father’s Scent’: cómo conviven intimidad y violencia en la familia
El director egipcio Mohamed Siam presenta en la Sección Oficial de la Mostra su primer largo, tras sumar cinco premios en Final Cut de Venecia
El peso del patriarcado y la crisis de la autoridad familiar sostienen ‘My Father’s Scent’, la película que el director egipcio Mohamed Siam ha presentado hoy en la Sección Oficial de la 41ª Mostra de València-Cinema del Mediterrani. «Si tuviera que resumir la película en una palabra, sería familia», ha explicado el cineasta en la rueda de prensa, en la que ha desgranado una historia nacida de la muerte de su padre cuando él tenía 11 años y que, ha advertido, «es un recordatorio de que puede ser demasiado tarde para decirle a alguien ‘te quiero'».
La cinta sigue a un joven que regresa al hogar familiar en Alejandría durante la festividad del Eid al-Adha para cuidar de su autoritario padre, que acaba de despertar de un coma. Confinados en un apartamento durante una larga jornada nocturna, ambos se enfrentan a años de resentimiento, violencia soterrada y secretos ocultos, en una lucha que pone a prueba los límites de la masculinidad tóxica y los lazos de sangre. Coproducción internacional liderada por Egipto, con participación de Noruega, Francia, Arabia Saudí, Suecia y Catar, la película llega a València tras haber obtenido cinco premios en el Final Cut de Venecia.
Siam ha aclarado que no se trata de una película autobiográfica, aunque nace de su propia experiencia. «Siempre empiezo mis películas por una idea muy pequeña. Cuando falleció mi padre, yo tenía 11 años, estaba en otra ciudad y no podía desplazarme. Siempre que perdemos a alguien cercano es demasiado pronto, y ese sentimiento de tratar de decir algo antes de que sea demasiado tarde es lo que he mantenido en la película», ha relatado. Su objetivo, ha añadido, era contar una historia que resonara en cualquiera que haya perdido a alguien cercano sin poder saldar cuentas: «Una vez vista la película, podemos darnos cuenta de que tenemos que tender puentes entre unos y otros, porque nunca se sabe cuándo es la última vez».
«Los ídolos siempre acaban defraudando»
Para el director, la familia encierra una contradicción tan extraña como cotidiana: «Podemos tener una agria discusión con nuestra pareja o nuestro padre y cinco minutos después estar todos sentados a la mesa cenando, o que al día siguiente nos lleven en coche al colegio. Estamos acostumbrados a esa coexistencia de intimidad y violencia, que quizá es el único lugar donde se acepta». Siam ha subrayado la dificultad de comunicación entre hombres en el seno familiar, donde los sentimientos «se expresan más bien con una espalda o incluso con un poco de violencia física». De ahí la importancia de la escena en la que la novia del protagonista conecta con su padre en apenas tres minutos: «Es el único momento en el que el hijo entiende que el padre también es un ser humano, una persona traicionada, frustrada, reprimida, triste». Y ha concluido: «Los padres muchas veces se mantienen como ídolos, y los ídolos siempre acaban defraudando».
La mirada infantil sobre la muerte es otro de los ejes de la película. «De niño, lo único que entiendes es que a esa persona no la vas a volver a ver. Todavía hoy, cuando escribo una escena sobre la muerte, la escribo un poco desde el punto de vista de un niño», ha explicado el cineasta, que por eso ha puesto en boca de los dos niños de la película las conversaciones sobre la muerte mientras los adultos lidian con ella.
En cuanto a la puesta en escena, Siam ha explicado que, dado que tres cuartas partes del metraje transcurren en el apartamento, quería que «la cámara estuviera callada» y que el espectador simplemente espiara a los personajes. El equipo construyó el apartamento y el director pidió un pasillo lo más largo posible, «el cordón umbilical que une, pese a la distancia, al padre con el hijo», el único espacio donde la cámara se mueve. Rodada en buena parte de noche, la película muestra «una Alejandría invernal, no la típica imagen que vemos en el cine, que refleja el carácter de los personajes». La música también estaba en el guion desde el principio, como la canción ‘Adiós, amigo’, ligada a un recuerdo íntimo: «Fue la primera película que vi en el cine, con mi padre y mi madre. Era un momento en que veía la vida como algo perfecto. Mi padre nos dejó poco tiempo después».